Viajan conmigo

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"ES MEJOR ESCRIBIR PARA UNO MISMO Y NO ENCONTRAR PÚBLICO, QUE ESCRIBIR PARA EL PÚBLICO Y NO ENCONTRARSE UNO MISMO."
(Ciryl Connolly)

jueves, 29 de septiembre de 2016

El Otoño en Mi



















                                                    Foto de la red

Antes de la primera hoja caída
 ya mi alma bebía vientos de otoño. 
Como en un duermevela de los sentidos
escuchaba el crujir de las hojas, 
las sentía deshaciéndose entre los dedos.
En locos sueños agitados 
podía paladear sus sabores dulces y acres,
aspiraba profundamente el aroma de leña ardiendo  
y mis pupilas irradiaban una cálida luz ambarina.
Antes de la primera hoja caída 
ya el otoño se había instalado en mi.

A. Sefern

martes, 29 de marzo de 2016

Insomnio





























Imagen: The Nightmare by Henry Fusely


Es de noche, otra noche. Ya se acercan los demonios, vienen arrastrándose sigilosos pero implacables y traen consigo su tridente bien afilado. Siento como me aguijonean desde la punta de los pies hasta el lugar más recóndito del alma. No tienen rostro, no tienen piedad, son muchos pugnando por destruir mi calma. Uno dice llamarse Ausencia y me sonríe mefistofélico con su semblante sin rasgos. Puedo adivinar su maldad, casi palparla al escucharle susurrar con voz ronca. Me revuelvo entre las sábanas cuando el Miedo me oprime el corazón con férreos dedos helados como carámbanos. A su sombra funesta se retuercen varios demonios menores, Inseguridad, Incertidumbre, Certezas No Deseadas... Mi corazón palpita desbocado, se convierte en un majestuoso caballo negro huyendo al galope, la mirada desorbitada, las crines al viento, conmigo sobre su lomo agarrada a ellas desesperadamente. Una figura demasiado frágil que se aferra a la cordura, un pésimo jinete zarandeado, vapuleado, un desertor escapando a duras penas del horror de su guerra interna.

Amanece, se quiebra la oscuridad, se adivinan las formas, el espléndido caballo tizón parpadea confundido, tranquiliza el paso deteniéndose justo al borde del precipicio. Y yo sigo sobre él una alborada más, esperando que el nuevo día lama mis heridas.

                             A. Sefern 


Me voy a tomar un pequeño-largo descanso bloguero. Gracias a todos los que habéis viajado conmigo durante estos meses. Hasta la vuelta.
Abrazo colectivo.

martes, 15 de marzo de 2016

Dos Flores

Roses and daisies a stone ledge by Léo Louppe

Tengo terciopelo en mis pétalos,
un aroma embriagador,
muchos colores bellos,
espinas que causan dolor.
¡Y es que todos me admiran, 
todos quieren tenerme,
a veces me abruman
y he de defenderme!
.
Pues yo no soy orgullosa, 
tampoco vanidosa,
mis pétalos son suaves 
como alas de mariposa.
Fragancia de aire fresco, 
de sol y de agua,
de porte sencillo 
y alma de hada.
Por pitonisa me tienen, 
me desnudan sin recato,
 para que resuelva sus dudas
 cual adivino novato.
A. Sefern

jueves, 3 de marzo de 2016

La Luz de la Naturaleza


Four Seasons by Monika Degan

Imaginándote, mis ojos se llenan de luz.
De la luz que titila por entre las hojas de los árboles,
de la suave y mortecina del amanecer,
la que regala un brillante cielo azul de primavera
y la de aquél, oscurecido, presagio de tormenta.
De luz que ciega, de luz que calma y sosiega, 
luz que resplandece en miles de flores tendidas al sol,
de la más mágica en un crepúsculo desgarrado en rojos y violetas,
la que espejea en el río donde bulle vida.
De luz anaranjada e intima, de luz gris y fría
reverberando de un níveo manto que calla bosques y vías.
De luz bruja, silente, cómplice y confidente, 
de luz de luna y estrellas.
A. Sefern

Quiero agradecer a Mariola, del blog  ENTRE PAPIROS Y CÁLAMOS  el detalle de concederme este premio "Very inspiring Blogger award"

Blog de Mariola

Premio
Decir de Mariola que escribe muy, muy bien, que me sorprende siempre con sus relatos, que aunque hace poco que la conozco, nunca he faltado a la cita semanal con sus historias porque disfruto con cada una de ellas. Os recomiendo que la visitéis. Su blog es joven aún, pero sus relatos, su forma de narrar y transmitir  merecen llegar a cuantos más lectores, mejor.
¡Muchas gracias Mariola!

Este premio lleva unas reglas y preguntas con él, que yo, por falta de tiempo, no voy a cumplir. Espero que sepáis disculparme.

miércoles, 24 de febrero de 2016

La Casa Gris

Imagen de la red - Fotomontaje de Nena Kosta


Vio la casa a lo lejos, parcialmente oculta por un puñado de árboles raquíticos, en aquél lugar inhóspito que sudaba humedad y la escupía al aire. Aspiró hondo tragándose una gran bocanada mojada y la dejó penetrar y acomodarse en los pulmones, antes de aventurarse a seguir adelante.
Le atrajo en cuanto la vio, de forma casi perversa, aquella mole de piedra gris cubierta de manera pulcra por el verdín del tiempo. Y mientras ascendía jadeando como un perro se preguntaba qué demonios estaba haciendo, en qué momento su estupidez rebasó los límites de lo razonable y decidió trepar montaña arriba sin conocer el lugar. Él, que era la encarnación de un hombre a su sillón pegado. Aún así, a pesar de su reticencia, continuó adelante cerrando la mente a preguntas que no sabía cómo responder. Abajo, en el pueblo donde el anciano Renault gritó taxativamente que iniciaba una huelga contra el abuso a castigados motores reventados, esperaba su confortable habitación en la posada "La Corneja Azul", con un mullido lecho y una profunda chimenea. Evocándolos sintió un contundente escalofrío; se abotonó bien el abrigo y embutió ambas manos en los bolsillos. Demasiado tarde para dar media vuelta, tenía la casa a tiro de piedra... diría que hasta la vio parpadear con sus contraventanas podridas. La curiosidad de verla de cerca era demasiado intensa. 
El cielo tenía un profundo color metálico, parcheado con retazos de distinta tonalidad de gris, desde el oscuro al más claro. Algunos jirones de nube, cual harapos sesgados por el viento, se movían sobre su cabeza y sobre la vieja testa de la casona que asomaba por encima de las copas de árboles demacrados. Entrecerró los ojos para captar mejor la descarnada belleza del abandono. Una gota le cayó en la mejilla y oyó ulular al viento del norte. Caminó los últimos pasos que le separaban de la puerta principal escuchando crujir el suelo a sus pies al quebrarse múltiples palitroques resecos que alfombraban el suelo. Un par de cornejas salió volando rauda de entre las ramas más altas de un árbol. Oscurecía a marchas forzadas, ni por un millón de millones de euros pensaba entrar. ¿Acaso le esperaba el Mapa del Tesoro tras aquellos muros? Mejor largarse antes de que se le echara la noche encima, no tenía intención de despeñarse montaña abajo o perderse de camino a la posada. Sin embargo, no reculó. Siguió con la mirada a las cornejas hasta que desaparecieron en el cielo y solo entonces volvió a concentrar su atención en la casa gris.
   "La Casa gris, LA CASA GRIS, L-A C-A-S-A G-R-I-S, susurró su mente-. Ve hacia la derecha".
¿Importaba mucho derecha, izquierda, diestra o siniestra?
No notó la sutil llovizna que empezaba a mojarle mientras doblaba el recodo, pero sí vio uno de los árboles custodios que, de cerca, no le pareció tan raquítico. De hecho, lo vio casi exuberante. Frunció el ceño, desconcertado. 
En sus largas, nudosas y retorcidas ramas se arracimaban hojas de color verde oliva; parecían jóvenes y tiernas, si bien tenían un gran tamaño, algunas rozaban el muro de la casa, ahogado en verdín, como si lo acariciaran. La mala hierba se enseñoreaba de la zona. Por entre tanto desaliño, una solitaria lápida oscura, parcialmente hundida en la tierra y medio carcomida por los años de intemperie. El corazón le dio un vuelco, no esperaba semejante descubrimiento, la casa no era ni había sido una iglesia ni los alrededores un cementerio, o eso creía él. Extrañado, pasó por encima de la maleza para llegarse junto a la lápida. Apartó los hierbajos que la cubrían e hincó rodilla en tierra. Había muy poca luz, lo que unido al deterioro, apenas si dejaba entrever una cruz tallada en la piedra húmeda. Sacó su móvil de un bolsillo, encendió la linterna y acercó la luz al añejo epitafio.
                                                             ROSA 
1862-1887
Lo que dura fresca una rosa,
lo que tarda en secarse una lágrima,
 corta vida la de la mariposa...
Mi dulce alma, espera, mi bien,
reposa.

Aquello le impresionó, se le encogió el estómago, sintió que se mareaba al acariciar con mimo la inscripción. Notó entibiarse la losa bajo su mano, quiso apartarla pero no le obedeció. El árbol sobre su cabeza cuchicheó con fuerza poblándose rápidamente con más hojas grandes color aceituna, brotaron pequeños capullos de rosa donde reinaba la maleza, mientras su cuerpo se iba tornando rígido, frío y gris... como la piedra. 
                                                                             Ana Sefern

sábado, 13 de febrero de 2016

Ocurrió en Febrero

Brierley heart

Fue natural, no me resultó extraño
que una mañana de febrero 
Cupido me tomara de la mano.
Me llevó por los atisbos aún lejanos 
de la primavera, febrero gris de rojo se tiñó,
y yo caí rendida, irremediablemente enamorada
 del Amor.
A. Sefern

























Scarlet heart
Imágenes encontradas en http://www.flickr.com/photos/sneddonia/

domingo, 7 de febrero de 2016

Un Perro

Border terrier dog by Paul Doyle

El avión estaba muerto de asco entre la nieve, cubierto hasta sus narices metálicas por el gélido elemento. Parte del pasaje, muerto también, no de asco precisamente, se encontraba esparcido a su alrededor en un orden estético de dudoso buen gusto.
      Tal vez debido al intenso frío, los cuervos no se decidían a merodear (todavía) en busca de heridas donde ahondar o globos oculares que poder reventar... Bueno, probablemente no era debido al frío al que estaban más que habituados, sino a la cautela. Aquél enorme pájaro que había surcado el cielo ronroneando de manera que ningún otro congénere es capaz de hacer, acabó aplastándose contra el suelo estallando en llamas; eso explicaba su reserva pese a que, sin lugar a dudas, estaban desesperadamente hambrientos. Eso, añadido a la severa nevada que redujo el incendio a una espiral de humo maloliente y que, a posteriori, fue cubriendo el destruido esqueleto del pájaro de hierro con un impecable manto blanco.
       Un perro (a saber de dónde había salido, no se veían edificaciones en muchos kilómetros a la redonda) mísero, de aspecto patético y meditabundo rondaba también la zona preocupado por encontrar refugio donde pasar la noche y descansar sus rígidos huesos. ¡Qué decir de comer! Cuando llegó al lugar del accidente fue aproximándose al malherido —más bien decesado— pájaro de metal con extrema cautela. Con la nariz crispada y mirada huidiza olisqueó aquí y allá, obviando los cuerpos esparcidos sobre la nieve cual muñecos rotos por la mano de un niño con espíritu destructivo. Aunque inertes y más tiesos que una pierna ortopédica, continuaban inspirándole un miedo cerval. Se aproximó al lugar en donde el ala incrustada en la nieve le facilitaba el ascenso hasta una prometedora ventanilla rota perteneciente a la cabina de mando. Los cuervos le vigilaban atentamente, unos sobre las desnudas ramas de los árboles del entorno, otros revoloteando en derredor, los menos picoteando el suelo, ojo avizor. El chucho tenía todas las papeletas del sorteo para morir en breve y no pensaban permitir que se congelase sin antes darse un festín a su costa
El desgarbado animal se plantó sobre sus cuatro patas con aire conquistador. Desconfiado, miró a derecha e izquierda e inició el ascenso pendiente, no sin sufrir varios resbalones, y eso que por peores terrenos había tenido que lidiar en su dilatada y poco afortunada vida.
       Si los perros fueran capaces de sonreír, éste lo hubiera hecho al penetrar en el todavía “cálido” ambiente del avión, justo en el pedazo de fuselaje que pertenecía a la parte delantera y que no estaba tan dañado. Y si pudieran maldecir no se hubiese privado de lanzar al viento unos cuantos improperios en voz alta y clara, al descubrir más cadáveres humanos —los que no habían ardido como teas— desperdigados, aposentados extrañamente sobre los asientos, algunos con los cinturones todavía ceñidos al cuerpo.
Debido a que solamente era un perro, ni sonrió ni maldijo. Los miró con recelo y gruñó. Al convencerse de que ni se movían ni lo harían nunca más, se estiró con indolenciabostezó mostrando una dentadura aún en buen estado y volvió a gruñir con los pelos del cuello erizados. Quizá iba a comer después de todo... a menos que se hubiesen congelado como los otros.
Los cuervos continuaban aguardando.

Ana Sefern

martes, 26 de enero de 2016

Al despertar, un buen día (mi gato es azul)

Dev Harvey- Gato azul


El gran perro azul era raro, qué duda cabe.
A Carter le palpitó el corazón con furia desenfrenada mientras le miraba a través de los cristales de la ventana. A decir verdad, aquél animal de cara estúpida le daba un miedo irracional.
Porque era azul. Nada de negro, marrón o moteado. Azul. Azul intenso.

"Y ahora que vengan los graciosillos de turno con el chiste de marras: que el animalito debió pasar por la peluquería para un cambio de look (jijiji). ¡Se la juegan, se la juegan conmigo!" 
¡Hatajodeimbécilesinútilesintegralesestúpidospollinos!"

El chucho era azul natural, ¿acaso no se daban cuenta?, ¿no lo veían exactamente igual que lo veía él? ¿No? Entonces todos debían tener los ojos donde la espalda olvida su educado nombre. ¡Toooodos, perros y gatos, se habían vuelto azules! ¡Así, de pronto!
    
    “Perturbado”
    “Tarado”
    “Chiflado”

A la gente siempre le resultó fácil criticar, aplicar adjetivos al resto; sobre todo, aquellos que debíeran estar más que calladitos. 

"Qué... ¿qué coño les pasa? ¿Por qué me miran con esa expresión bobalicona? ¡Si sólo falta que les caiga la baba para confirmar que son idiotas!
Se van a llevar una sorpresa de cojones cuando el chucho empiece a hacer sus cositas en medio de la calle, delante de sus narices, ¡¡en sus mismas barbas!!"
    
     "Con Latimer ocurrió eso. Una noche era un gato perfectamente normal y a la mañana siguiente, cuando maulló exigiendo el desayuno, su brillante pelaje negro se había vuelto azul. Azul cobalto. ¡Azul cobalto sí, joder!
Y después hizo pis. Eso fue lo más extraordinario… No que hiciera pis, ¡qué va!, sino que el tío meara blue water jajajajaja.
Tuve que sentarme, lo confieso, yo tampoco podía creerlo. Y así, sentado, me lo quedé mirando fijamente mientras él se dedicaba con parsimonia felina a su aseo matinal. Como si no pasara nada, como si fuera normal, como si toooodo estuviera bien.
Ese día no fui a trabajar, lo consagré entero a vigilar al viejo Latimer.
¡Trece años siendo un digno gato de reluciente pelo negro y, de repente, ¡zas! se volvía azul y meaba azul, hay que sanjoderse! 
No quise pensar de qué color serían sus heces, ¡ni hablar! Asimilaría el cambio por fases, me lo tomaría con calma, investigaría…
Anduve persiguiéndole por toda la casa todo el maldito día.
Y también al día siguiente.
Y al otro.
Y al otro. 
Y al otro…
Hasta que me encerraron aquí”.

Ana Sefern

miércoles, 20 de enero de 2016

Entre la Lavanda

Lady lavender by Karen Whitworth

Camina despacio sobre los rectos surcos en la mañana fresca, tejiendo finos sueños de dicha, llenando el cesto de olorosas espigas color violeta. El cielo claro, limpio de nubes, todavía respira modorra. El campo guarda silencio, el sol aún no calienta, la brisa suave empuja secretos anhelos ligados por siempre al fragante aroma. Se estremece la lavanda salpicada de rocío y le susurra en su idioma. 
Mira hacia la casa y le descubre allí, obsevándola bajo el dintel de la puerta; adivina su sonrisa e inicia otra de vuelta. Brillan estrellas en sus ojos brunos y acaricia con mimo su vientre mientras desanda el camino hasta sus brazos, por entre la lavanda.
A. Sefern

jueves, 7 de enero de 2016

Al borde de la luna

Imagen de la red

Sentada al borde mismo de la luna miro hacia abajo y me sorprendo haciendo equilibrios sobre un alambre, rozando la linea del precipicio, caminando sobre brasas al rojo vivo, lamiendo el filo de su cuchillo traidor. 
A veces, muchas veces, estoy a punto de caer, de quemarme, de sangrar por la herida; pero me apeo de la luna, bajo del alambre, piso tierra firme, arrojo su cuchillo al vacío y sigo caminando.
Ana Sefern